miércoles, agosto 19, 2009

Capitulo 0: El retrato

Misko se encontraba desparramado en el sofá con una taza de calimoxo recien hecho. Dorian estaba frente a él y lo miraba con una expresión entre el apremio y la desesperación.

- Tenemos que salir para allá inmediatamente.- dijo al fin Dorian.

- Pero, ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? - Aquellas palabras iban más dirigidas a si mismo que al hombre que tenía frente a él. No obstante, aquel tipo bajito y delgado se dispuso a contestar.

- No lo se. Quizás porque saben que eres el mejor o quizás porque saben que no te negarás, en vista del poco trabajo que has tenido estos meses. - dicho esto se interrumpió. Sabía que aquella frase había herido más a Misko que si le hubiese propinado un guantazo en la cara. Aún así continuó. - No obstante, te han requerido. Es tu deber acudir. Además, sabes que tienes que pagar las facturas y que el dinero ya casi no alcanza para cubrir este mes.

Misko lo miró a los ojos. Fue una mirada furibunda. Cargada de odio. Se tornó en comprensión tras unos segundos. Dorian tenía razón. Tenía que pagar las facturas y tenía que empezar a enmendar las múltiples cagadas de meses atrás. Y este era un caso tan bueno como cualquier otro para empezar.

- Está bien. Lo haremos. Pero solo porque hay que pagar las facturas. - Puntualizó. Más para convencerse a si mismo que a su interlocutor. - Será mejor que me de una ducha. Puedes ir mientras a por el coche... Y creo que deberías de conducir tú.

- Informaré al alcalde de que vamos para allá. - Añadió Dorian mientras una sonrisa se dibujaba en su cara. Parecía que Misko comenzaba a recuperarse y eso alegraba a su amigo. - Sabes que haces lo correcto. Te esperaré fuera, en el coche.- Dicho esto, enfiló la puerta y salió de la habitación.

Misko, se dejó caer aún más en el sillón. Aquel caso para el alcalde era el primero que le llegaba en más de un mes y el primero serio desde hacía casi un año. Dejó caer el brazo derecho en el sofá y este dió con algo duro. Al apartar la mano para ver que era descubrió un fino marco de plata con la foto de una joven dentro.

Soltó la taza de calimoxo en la mesita de té que tenía enfrente y cogió el retrato con ambas manos. Lo levantó hasta tenerlo a la altura de los ojos. Una chica rubia con el pelo ligeramente rizado le devolvía la mirada con unos ojos grises. Dejó caer la imagen en su regazo. Una solitaria gota calló sobre el cristal que la cubría. La apartó suavemente y se levantó del sofá.

- Próxima parada, la ducha. - Dijo con un tono alegre tan forzado que nadie que lo hubiese escuchado se hubiese tragado. Afortunadamente para él, se encontraba solo en ese instante.

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