miércoles, agosto 19, 2009

Capítulo 1: El clavo ardiente (y II)

Misko tomó asiento junto a Dorian e invitó al alcalde a tomar asiento en su sillón. Aquello era una de las muestras de altanería que Misko prodigaba con esmero. Aunque el alcalde sabiendo que aquel hombre fuera probablemente su única esperanza no dijo nada y se sentó.

- ¿Desean tomar algo? ¿Tienen hambre? ¿Algo de beber quizás?- ofreció el alcalde a aquellos dos hombres.

- Yo tomaré un café con leche. La leche fría si es tan amable. - aceptó Misko.

- Para mí una cerveza con un chorrito de Larios, por favor. - dijo Dorian.

El alcalde fue hasta la mesa. Apretó un botón del interfono y repitió las instrucciones a la persona al otro lado. Añadió un Jack Danield's con hielo a la comanda y se sentó junto a los hombres de nuevo. Tras unos instantes de silencio fue Dorian quien habló.

- Señor alcalde, ¿Cuál es la naturaleza del caso?

- Verán, hace unos días, al levantarme por la mañana para ir al trabajo, encontré junto a mi cama una caja de cartón. En su interior encontré un “artefacto” y una nota.

- ¿Un “artefacto”?- preguntó Dorian estupefacto.

- Sí, un “artefacto”. No sabría definirlo mejor. Mi esposa no llegó a verlo, porque lo oculté rápidamente.

- ¿Y que hay de la nota?- volvió a interrogar Dorian.

- La nota, sí. Me exigía una considerable suma de dinero a cambio de mi vida y la de mi esposa. En otras circunstancias no me habría preocupado y hubiese ido directamente a la policía. Pero la misiva era clara: “Si la policía mete sus narices en esto su mujer y usted no verán un nuevo amanecer.”- concluyó el alcalde al borde de la desesperación. - Ustedes dos son mi única esperanza.

- Creo que no está al tanto de las últimas noticias, alcalde.- dijo Misko dando especial énfasis a esta última palabra con intención de que sonara algo ridículo.- Hace meses que estoy fuera del mercado y en parte es gracias a usted.

El alcalde no respondió. Se limitó a levantarse y ponerse a pasear nervioso. Se debatía entre la ira y la desesperación. En aquel momento, sonó la puerta y la chica que los había hecho pasar entró con lo que había solicitado el alcalde. Lo depositó en la mesa y se quedó de pie junto a esta.

- Gracias, Lenka, puedes retirarte. - dijo el alcalde.

La chica abandonó la habitación no sin antes cruzar una fugaz mirada con el desaliñado detective. El alcalde seguía de pie aunque se había detenido y miraba fijamente a Misko que había echado dos cucharadas de azúcar en su taza y removía el contenido con parsimonia.

- Por favor, señor, tome asiento. Aún no me he negado a llevar su caso. Solo quiero dejar claro que mis servicios le van a costar caro. - expuso Misko como el que hablaba de música y dio un sorbo a su café .

- Tengo dinero. Pagaré lo que sea. - dijo el alcalde entre impaciente y suplicante.

- No, alcalde, se equivoca. No es dinero lo que quiero. - siguió el joven detective.

- Puedo proporcionarle lo que quiera.- Dijo el alcalde exasperado.

- Le cobraré la tarifa normal.- continuó como si no lo hubiera oido- Sin embargo, me gustaría un pequeño extra. Usted, rehabilitará mi imagen y reconocerá públicamente que estaba equivocado. Quiero que limpie mi imagen alcalde. Yo no tuve la culpa de aquello y lo sabe. No pienso cargar con sus mierdas. - comunicó al alcalde sin la más mínima alteración en la voz.- ¿Está de acuerdo con las condiciones?

- Lo que me ofreces es un jodido clavo ardiendo... y lo peor es que lo sabes.- se limitó a decir el alcalde.

- Es un clavo ardiendo para usted y también lo es para mí... Eso lo sabemos ambos. La cuestión es ¿piensa agarrarse a él o quiere caer hasta el fondo del abismo? - Misko había abandonado su actitud distante y miraba con interés al alcalde.

- Está bien. ¿Cuando piensas empezar?

- En cuanto me de la caja y su contenido... - Sentenció Misko.

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